Medio año contra el medio año anterior, en porcentaje. Un chico que crece cambia de cuerpo cada temporada: comparar enero contra enero llega tarde.
Sube el vídeo de la carrera y deja el apunte justo donde está el error. El nadador abre su teléfono, ve ese momento, y sabe qué corregir el lunes.
Hecho por un padre para sus dos hijos nadadores. Hoy lo está probando un coach con su club, y por eso todo lo que sigue son pantallas de verdad, no maquetas.
Y con él se pierde lo único que hace mejorar a un nadador de once años: ver lo que hizo mal mientras todavía se acuerda de cómo se sintió.
"Tienes que mejorar el viraje" dura hasta el auto. "Mira el segundo 26, no frenaste, te quedaste pegado" se corrige en el siguiente entrenamiento.
Los tiempos están en capturas de pantalla, en el celular de la mamá y en la memoria del coach. Nadie puede responder si la salida está mejor que en marzo.
Le corrigen, asiente y se va. Nunca le piden que mire su propia carrera y diga qué vio. Ahí es donde se aprende a entrenar solo.
Estas son capturas de la aplicación funcionando. Los datos son de un nadador inventado: en una página pública no aparece el nombre ni la marca de un menor de verdad.
No escribe el minuto a mano. Pausa donde ve el error, toca "Anotar aquí" y el momento queda guardado. El nadador toca ese número y el vídeo salta exactamente a esa brazada.
Los mismos cinco elementos que usa el coach y la misma escala del 1 al 5. Eso permite lo único que importa: poner las dos notas una al lado de la otra y hablar de la diferencia.
"Tú te pusiste 5 en la salida y yo te puse 3. Mira otra vez el segundo 7." Ahí el nadador deja de escuchar correcciones y empieza a mirarse.
El coach escribe la lista y la regla que resume todo en una frase, la que el nadador se lleva a la piscina. Y la tilda el nadador, no el coach: una lista que le leen es del coach, una que marca él es suya.
El reto de la semana funciona igual, pero con fechas en lugar de competencia.
Si el nadador está federado, sus tiempos oficiales se traen de la federación y se ordenan por prueba, con la mejora acumulada y la meta. El medallero cuenta aparte lo que ya ganó.
Cada prueba tiene su gráfica de progresión, para ver si baja o lleva seis meses igual.
El coach puntúa salida, brazada, respiración, viraje y llegada, y la ficha avisa cuando un elemento lleva tres observaciones sin subir. Eso es lo que se pierde cuando todo vive en la memoria.
Las notas que se puso el nadador aparecen en la misma lista, marcadas como suyas, para que nadie las confunda con las del coach.
Nadie tiene que saber leer un gráfico. Debajo de cada dibujo hay una frase en castellano que dice qué está pasando con ese nadador.
Medio año contra el medio año anterior, en porcentaje. Un chico que crece cambia de cuerpo cada temporada: comparar enero contra enero llega tarde.
Cuánto se separan sus tiempos dentro de la misma prueba. Dice si el problema es de velocidad o de cabeza el día de la carrera.
Meses con competencia y meses sin ninguna. Competir también se entrena: la salida, los nervios, saber repartir la carrera.
Cada prueba tiene su propia curva. En el promedio no se ve que esté bajando en 50 libre y atascado en 100 espalda: aquí sí.
En natación menos es mejor, y una línea que baja se lee como «va peor». Aquí la línea sube cuando el chico mejora.
Recortar 3 segundos en 400 y 0,4 en 50 es la misma mejora. El porcentaje lo dice; los segundos sueltos engañan.
Una descalificación no es una marca lenta: es una marca que no existe. Metida en el promedio, haría parecer irregular a quien nada igual de bien siempre.
El vídeo de la carrera, el enlace del ejercicio y el apunte de qué corregir quedan en un solo sitio — no repartidos en un grupo de WhatsApp donde a la semana ya no se encuentran.
El material que dejó el coach, con la fecha y para qué es.
Las misiones: lo concreto que le pidió el coach, y lo que lleva tildado.
El chico ve lo mismo, en su propia pantalla, y es él quien tilda. Nadie tilda por él: por eso al lunes siguiente el coach sabe qué se hizo de verdad.
Cada quien ve lo suyo. El padre no ve a los hijos de los demás y el nadador no puede reescribir lo que le pidieron.
Un club que sube vídeos de niños asume una responsabilidad seria. Estas reglas no son ajustes de una pantalla: viven dentro de la base de datos, donde nadie las puede saltar desde el navegador.
La base decide qué nadadores existen para cada cuenta. No es un filtro de pantalla que se pueda esquivar.
Se guardan en privado y solo se pueden ver dentro de la aplicación. Copiar el enlace y abrirlo fuera no funciona.
Si el club activa las grabaciones, cada familia lo autoriza antes. El audio se borra cuando ya se resumió.
Puede tildar su misión y calificarse a sí mismo. No puede cambiar lo que le pidieron ni firmar una nota como si fuera del coach.
Hay una prueba que crea dos clubes que no se conocen, entra con una cuenta legítima y trata de hacer todo lo que no debería: ver nadadores ajenos, escribir en otra ficha, leer vídeos de otro club.
Un intento que falla es una buena noticia. Si alguno pasara, el cambio no se publica.
Con su nombre y un código de invitación. Tarda un minuto y no hace falta instalar nada.
Cada quien se registra con el código y queda con su papel: dirección, coach, familia o nadador.
Y dejas tres apuntes dentro. Esa misma tarde el nadador los ve en su teléfono.
No. Se abre en el navegador del celular o de la computadora. Si quieres, el teléfono la puede guardar en la pantalla de inicio y se abre como cualquier otra aplicación, sin pasar por una tienda.
La subida de vídeo mide la velocidad real de tu conexión mientras sube, y si va lenta te ofrece achicar el vídeo antes de seguir. Si se corta a la mitad, retoma donde iba: lo que ya subió no se pierde.
De la federación. Si el nadador está registrado, sus tiempos oficiales se traen y se ordenan solos. Los tiempos de entrenamiento o de un tope amistoso se cargan a mano y quedan separados de los oficiales.
Sí, y es el caso normal, no la excepción. Un coach puede trabajar con nadadores de otro club cuando la familia o el club lo acepta, y ve solo a esos nadadores.
Su club, el coach que lo entrena y su familia. Nadie más, y no porque una pantalla lo esconda: la base de datos no se los entrega.
Está empezando y todavía no hay una lista de precios. Si tienes un club y quieres probarlo, escríbenos y lo conversamos. Preferimos pocos clubes acompañados de cerca que muchos a medias.
Veinte páginas con las pantallas de verdad, explicadas una por una: para qué sirve cada una, qué significa cada gráfica y cómo empieza un club. Para leerlo con calma o pasárselo a la directiva.
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Te montamos el club con tus nadadores, subimos un vídeo de su última competencia y lo miras funcionando con tu propia gente.